martes, 1 de julio de 2014

Listado de poemas para hacer el trabajo final

Listado de poemas:


Oliverio Girondo
Que los ruidos te perforen los dientes

Como una lima de dentista,
Y la memoria se te llene de herrumbre,
De olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
Una pata de araña;
Que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
Y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
Al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
Hasta los faroles te corran a patadas;
Que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
Ante los tachos de basura
Y que todos los habitantes de la ciudad
Te confundan con un meadero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
Digas: "Pescado frito";
Que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
Y que en vez de tirar el cigarrillo,
Seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
Que al acostarse junto a ti,
Se metamorfosee en sanguijuela,
Y que después de parir un cuervo,
Alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
Para que los espejos, al mirarte,
Se suiciden de repugnancia;
Que tu único entretenimiento consista en instalarte
En la sala de espera de los dentistas,
Disfrazado de cocodrilo,
Y que te enamores, tan locamente,
De una caja de hierro,
Que no puedas dejar, ni por un solo instante,
De lamerle la cerradura.


Alejandra Pizarnik
Hija del viento

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
A carencias,
A llanto.
Pero tú alimentas al miedo
Y a la soledad
Como a dos animales pequeños
Perdidos en el desierto.
Han venido
A incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
Como la serpiente loca de movimiento
Que sólo se halla a sí misma
Porque no hay nadie.
Tú lloras debajo del llanto,
Tú abres el cofre de tus deseos
Y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad
Que las palabras se suicidan.




Rubén Darío
Canción de otoño en primavera
A Gregorio Martínez Sierra

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
Historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
Mundo de duelo y aflicción.
Miraba como el alba pura;
Sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura
Hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
Para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver...!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...
Y más consoladora y más
Halagadora y expresiva,
La otra fue más sensitiva
Cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
Una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
Una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
Y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño,
Falto de luz, falto de fe...
Juventud, divino tesoro,
¡Te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
El estuche de su pasión;
Y que me roería, loca,
Con sus dientes el corazón,
Poniendo en un amor de exceso
La mira de su voluntad,
Mientras eran abrazo y beso
Síntesis de la eternidad;
Y de nuestra carne ligera
Imaginar siempre un Edén,
Sin pensar que la primavera
Y la carne acaban también...
Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...
¡Y las demás! En tantos climas,
En tantas tierras siempre son,
Si no pretextos de mis rimas
Fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
Que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas a pesar del tiempo terco,
Mi sed de amor no tiene fin;
Con el cabello gris, me acerco
A los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el alba de oro!


Hermann Hesse
Lobo estepario

Yo, lobo estepario, troto y troto,
La nieve cubre el mundo,
El cuervo aletea desde el abedul,
Pero nunca una liebre, nunca un ciervo.
¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
Eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
Devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
Bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
Y luego aullaría toda la noche, solitario.
Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
Una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color gris,
Apenas puedo ver con cierta claridad,
Y hace años que murió mi compañera.
Ahora troto y sueño con ciervos,
Troto y sueño con liebres,
Oigo soplar el viento en noches invernales,
Calmo con nieve mi garganta ardiente,
Llevo al diablo hasta mi pobre alma.




Jorge Luis Borges
El remordimiento

He cometido el peor de los pecados
Que un hombre puede cometer. No he sido
Feliz. Que los glaciares del olvido
Me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
Arriesgado y hermoso de la vida,
Para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
No fue su joven voluntad. Mi mente
Se aplicó a las simétricas porfías
Del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

Mario Benedetti
El sur también existe

Con su ritual de acero
Sus grandes chimeneas
Sus sabios clandestinos
Su canto de sirenas
Sus cielos de neón
Sus ventas navideñas
Su culto de Dios padre
Y de las charreteras
Con sus llaves del reino
El norte es el que ordena
Pero aquí abajo abajo
El hambre disponible
Recurre al fruto amargo
De lo que otros deciden
Mientras el tiempo pasa
Y pasan los desfiles
Y se hacen otras cosas
Que el norte no prohíbe
Con su esperanza dura
El sur también existe
Con sus predicadores
Sus gases que envenenan
Su escuela de Chicago
Sus dueños de la tierra
Con sus trapos de lujo
Y su pobre osamenta
Sus defensas gastadas
Sus gastos de defensa
Con su gesta invasora
El norte es el que ordena
Pero aquí abajo abajo
Cada uno en su escondite
Hay hombres y mujeres
Que saben a qué asirse
Aprovechando el sol
Y también los eclipses
Apartando lo inútil
Y usando lo que sirve
Con su fe veterana
El sur también existe
Con su corno francés
Y su academia sueca
Su salsa americana
Y sus llaves inglesas
Con todos sus misiles
Y sus enciclopedias
Su guerra de galaxias
Y su saña opulenta
Con todos sus laureles
El norte es el que ordena
Pero aquí abajo abajo
Cerca de las raíces
Es donde la memoria
Ningún recuerdo omite
Y hay quienes se desmueren
Y hay quienes se desviven
Y así entre todos logran
Lo que era un imposible
Que todo el mundo sepa
Que el sur también existe.


100 SONETOS DE AMOR
PABLO NERUDA
Soneto XVI

Amo el trozo de tierra que tú eres,
porque de las praderas planetarias
otra estrella no tengo. Tú repites
la multiplicación del universo.
Tus anchos ojos son la luz que tengo
de las constelaciones derrotadas,
tu piel palpita como los caminos
que recorre en la lluvia el meteoro.
De tanta luna fueron para mí tus caderas,
de todo el sol tu boca profunda y su delicia,
de tanta luz ardiente como miel en la sombra
tu corazón quemado por largos rayos rojos,
y así recorro el fuego de tu forma besándote,
pequeña y planetaria, paloma y geografía.




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